Nací en  un campo enclavado en la zona montañosa del Papayo de Jánico, Santiago,  donde los vecinos eran las aves y los vehículos eran los animales, no puedo negar que tuve una infancia bonita, sana, totalmente inocente,  pues el mayor problema que tenia eran las pequeñas y naturales diferencias que puede tener un niño que tiene seis hermanos, con lo que comparte 24 horas al día, pero cualquier discusión terminaba en un efusivo abrazo o compartiendo un rico baño en las aguas, entonces descontaminadas, del río Barguaque.

Desde pequeño tuve un gran espíritu emprendedor y ciertas habilidades para los negocios al punto  de que a los 12 años, compraba panes, galletas, y lo que en el Cibao conocemos como ‘’chucherías’’ , para revenderlos, pero el espíritu de producir no se quedó ahí con las ganancias, que obtuve de la venta de los productos derivados de la harina, compré un cerdo y luego una pequeña vaca, pero cuando me sentía todo un empresario, mi padre el señor Enemecio Rodríguez, decidió vender todas nuestras propiedades, para venir a vivir en lo que él llamaba la ciudad, confieso que me sentí decepcionado de mi padre, pues no podía entender por qué de vivir disfrutando de más de mil tareas de tierras, un río ‘’propio’’, aunque parezca risible entendía que teníamos un afluente ya que el río atravesaba nuestra propiedades y solo lo utilizaba mi familia, que el campo  era considerada una familia acomodada, pero el valor de los terrenos en ese entonces era ínfimo por lo  que mi padre recibió una irrisoria suma de dinero, por la venta de todos sus bienes, debido al poco valor que tenían los terrenos del campo, lo que obtuvimos por la venta de los inmuebles y el ganado no sirvió para mucho, ya que la realidad de la ciudad era  otra.

Mis primeros meses en la ciudad de Santiago deben ser calificado como traumático, ya que  mis compañeros de clases y los vecinos, se burlaban de mí, por la forma tan jocosa en la que hablaba, la pequeña residencia donde vivíamos parecía una cárcel comparada con lo que para mi a los 12 años era un ‘’vasto imperio familiar’’, pero además Santiago era una sociedad que para un niño criado en un campo lejano podía parecer compleja, la situación fue tal  que temía salir por temor a perderme, en fin nada que ver con el control y manejo que exhibía montando a caballo en mi hermoso y amado campo.

Debido al revés que habían sufrido las finanzas de la familia, me vi en la imperiosa necesidad , con apenas 16 años, de tener que empezar a trabajar y dejar mis estudios en un segundo plano, pero entendiendo que debía estudiar como único medio de salir adelante, a los pocos meses decidí buscar un trabajo  que me permitiera inscribirme en una escuela y  en un instituto donde pudiera aprender el idioma inglés, y efectivamente pasé 4 años estudiando ese idioma que hoy puedo hablar, leer y escribir, luego decidí  estudiar lo que entonces era una total novedad para mi, computadora, la cual debí estudiar en el Instituto de Formación Técnico Profesional  (INFONTEP), por no tener recursos para estudiar en un instituto privado,

Posteriormente, ingresé a trabajar a un lugar que cambiaría para siempre mi vida, la empresa dedicada a la fabricación de muebles BAMBUSA, donde devengaba un salario de  375, pesos semanal, de lo que hice un ahorro que a los varios meses me había permitido comprar los cheques de mis compañeros de trabajo, a cambio de obtener una ganancia mínima; en BAMBUSA, me desempeñé  como pulidor y  tejedor ahí, aprendí el arte del buen tallado del mueble, a tratar los clientes con distinción,  responsabilidad   y a no conformarme con ganar un cheque que me diera para ayudar a la familia con los gastos de la  casa y ahorrarme unos cuántos  pesos, pero yo quería poder general  empleaos para los jóvenes de mi comunidad, por lo que  en el año dos mil (2000) decidí renunciar para empezar a trabajar en pro de lo que era mi sueño tener mi propia  empresa de fabricación de muebles

En poco tiempo pude darme cuenta que a los jóvenes  les ponían muchas trabas para iniciar un negocio, pues no tenía esposa, hijos, bienes, en fin los requisitos que tradicionalmente te exigen para el otorgamiento de un prestamos , pero además muchas personas me consideraban muy joven para hacer negocio conmigo, más siendo parte de un sector que muchos equivocados y algunos con razón consideran como irresponsable, pero estaba totalmente decidido a iniciar mi propio negocio  en ese sentido empecé a trabajar para lograr el objetivo trazado.

Como no pude alquilar un local, ni encontrar un socio que lo proporcionará, comencé a trabajar en el patio de la casa familiar, lugar donde fabrique, prácticamente sin ningún tipo de herramientas, mi primer juego de mueble, que obviamente se lo regalé a mi madre, pero  como comerciante al fin cuando tuve la primera oportunidad lo vendí, claro con el compromiso de hacerle unos muebles nuevo a mi madre, aún recuerdo que  por ese juego de muebles me pagaron 11 mil pesos, confieso que lo consideré una pequeña fortuna.

El patio de nuestra casa era bastante pequeño, a esa incomodidad para la fabricación de mueble, a lo que se agregaba los constante reclamos de mi hermana  de mi madre, por lo que un día salí a buscar un pequeño local que pudiera pagar, encontrando lo que podía pagar, más que lo que buscaba y necesitaba, en el sector de Gurabo, Santiago.

El local era bastante pequeño, prácticamente no teníamos donde exhibir los muebles, pero si un gran deseo de superación y de hacer la cosas, bien desde el principio le dije a los pocos empleados que tenía entonces que debíamos esforzarnos el doble, ya que debíamos vencer el criterio que tienen algunas personas de que por ser joven se es irresponsable y que por demás no íbamos a traer los clientes, haciendo campañas publicitarias porque no teníamos recursos para hacerla ni  con un llamativo salón de exhibición que tampoco teníamos, les dije que a los clientes los atraeríamos sencillamente dándoles un buen trato a los pocos clientes  que teníamos y haciendo un trabajo de primera, porque nuestros clientes bien atendidos se iban a convertir en la mejor publicidad y efectivamente así paso.

En poco tiempo fuimos ganando espacio al  punto de convertirnos en suplidores de importantes y reconocidas distribuidoras de muebles a nivel nacional, no sin ante tener que luchar y pasar bastante trabajo, pero con tenacidad y dedicación pudimos expandir el negocio, por lo que nos vimos en la necesidad de establecer la fábrica y de construir un salón de exhibición fuera de la ciudad, específicamente en el municipio de Tamboril, provincia Santiago, donde en la actualidad nos encontramos trabajando con más de 20 empleados fijos y aproximadamente una docena de empleados temporales.

Vengo de un sector donde muchos jóvenes de mi generación lamentablemente fueron alcanzado por el vicio de las drogas, o donde muchos otros dejaron sus estudios yo preferí ser diferente a pesar de que muchos se burlaban de mi ya que mientras ellos podían pasarse el día piropeando a las jóvenes de la comunidad, yo me trasportaba en bicicleta, ya siendo un joven, hasta mi trabajo, pero hoy me siento orgulloso cuando ellos me dicen quién diría que iba a tener tu propia empresa, u otras  frases parecidas, y me siento orgulloso; orgulloso  no por tener una empresa sino por servirle de ejemplo de superación a los jóvenes de comunidad.

Confieso que llegar de tejedor a desarrollar mi propia empresa de fabricación de muebles no ha sido una tarea fácil, pero la perseverancia hizo posible que fuera la persona más joven en participar como propietario de empresa en las ferias de la Asociación Nacional de Industriales del Muebles, Colchones y Afines (ASONAINCO-CIBAO); feria en la que he participado en  cuatro ocasiones.

 

Con el propósito de seguir suspirándome me inscribí en la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA), donde en la actualidad curso, en etapa avanzada la carrera de administración de empresas.

Convencido que si de algo sirve producir recurso es ayudar a personas, cada año hacemos donación a la iglesia y otros sectores necesitados de mi comunidad, para construíbuir al desarrollo de la misma.

Decir que me merezco el Premio Nacional de la Juventud, no me parece humilde, pero creo que el hecho de poder tener mi propia empresa, a pesar de haber pisado una escuela por primera vez a los 9 años y poder iniciar una empresa en el patio de mi casa y en base a sacrificio y esfuerzo poder  tener una fuente de más de 20 empleos fijos, para jóvenes de  la comunidad de Guazumal Tamboril, sin olvidar mis estudios y aportes a la comunidad siendo un miembro activo del grupo de jóvenes de la iglesia Santísima Trinidad, de Hoya del Caimito, colaborando además con la orientación de los jóvenes, pero creo que es más honesto dejar  en manos de ustedes la valoración de mis aportes al desarrollo empresarial, a  la comunidad y  que determinen si me merezco el premio para el cual estoy postulando.

 

Ángel Rodríguez Patiño
Ganador del Premio Provincial  de la Juventud
En el renglón Superación y Desarrollo Empresarial en la Comunidad